La tortura sexual como estrategia de represión estatal
Italia, Claudia, Edith, Patricia, Cristina, Ana María, Yolanda, Norma, Mariana, María Patricia, Suhelen y 36 mujeres más siguen sin obtener justicia por los abusos y tortura sexual en los hechos del 3 y 4 de mayo de 2006. La policía estatal, a cargo de Peña Nieto del PRI; la municipal, del PRD y la federal, del PAN, todos muy coordinados, perpetraron en 2006 el ataque represivo sobre el pueblo de Atenco y los integrantes de la Otra Campaña que solidariamente acompañaban al FPDT. Como no han encontrado justicia en México, las Mujeres de Atenco se vieron obligadas a recurrir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instancia que admitió el caso en noviembre del 2011 y que próximamente dará una sentencia.
A continuación se reproduce la segunda parte del Capitulo 1 del libro Atenco: seis años de impunidad, seis años de resistencia, el cual se puede descargar gratuitamente en el blog del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C.
1.2 LA TORTURA SEXUAL COMO ESTRATEGIA DE REPRESIÓN ESTATAL
“La violencia sexual contra la mujer tiene por objeto
enrostrar la victoria a los hombres del otro bando,
que no han sabido proteger a sus mujeres.
Es un mensaje de castración y mutilación del enemigo.
Es una batalla entre hombres que se libra
en los cuerpos de las mujeres”8.
El caso de la tortura sexual perpetrada contra las mujeres de Atenco se inserta en un contexto de exigencia de derechos y de lucha social. Los hombres y las mujeres que se organizaban por la exigencia de sus derechos fueron identificados como enemigos o detractores del Estado, quien vio necesario silenciarlos de forma brutal. Atenco fue el espacio de una violencia particularmente dirigida en contra de las mujeres. A través de las fuerzas policiacas, el Estado buscó desmovilizar y generar miedo con la perpetración de la tortura psicológica, física y sexual, como un claro castigo por haber retado al patriarcado y por no encontrarse en el lugar históricamente asignado a las mujeres.
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