
En Atenco, “sólo podemos reparar lo roto si continuamos organizándonos”
Desde hace 10 años, el Estado mexicano busca desarticular uno de los movimientos sociales más exitosos del país mediante el asesinato, la tortura, el encarcelamiento y el abuso sexual. Una de las sobrevivientes de este horror, Bárbara Italia Méndez, relata cómo lo han enfrentado con organización, decisión y solidaridad
Plan de exterminio:
arrasar la hierba,
arrancar de raíz hasta la última plantita viva,
regar la tierra con sal.
Después, matar la memoria de la hierba.
Para colonizar las conciencias, suprimirlas;
para suprimirlas, vaciarlas de pasado.
Aniquilar todo testimonio de que en la comarca hubo algo más
que silencio, cárceles y tumbas.
Está prohibido recordar…
Eduardo Galeano
México. En el 2002, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), con la solidaridad de organizaciones y colectivos, logró detener el proyecto económico más ambicioso del sexenio de Vicente Fox Quesada, entonces presidente de México: la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México en 4 mil 550 hectáreas de tierras de cultivo expropiadas por el gobierno federal al ejido de San Salvador Atenco, con una indemnización de siete pesos por metro cuadrado. La lucha de los campesinos del FPDT se convirtió en un referente de organización y, sobre todo, de victoria; la legitimidad de su lucha, la capacidad de organización y la solidaridad nacional e internacional fueron elementos clave que permitieron detener no sólo al Estado y toda su maquinaria sino además al capital, traducido en cientos de empresas que se frotaban las manos esperando obtener grandes ganancias a costa del despojo de los bienes ejidales.