Charla “La imposición del regreso a clases presenciales y la protección de las vacunas”, domingo 22 de agosto, 3pm


Domingo 22 de agosto de 2021, https://us04web.zoom.us/j/8907336073?pwd=eXpGMExPMG9ZeS9zRXIycVc3TU9sUT09

https://us04web.zoom.us/j/8907336073?pwd=eXpGMExPMG9ZeS9zRXIycVc3TU9sUT09

Conversatorio COVID-19
Agosto, 2021.
Antes de ser personal de la salud somos seres humanos y es así como reconocemos también a nuestros pacientes, ya que hemos comprendido que detrás de cada enfermedad habita una persona: un ser de carne y hueso que posee una historia singular, la cual se construye a la par de las circunstancias que lo rodean y que avanza tanto de manera individual como en conjunto. Debido a esto, el pensar en adoptar una estrategia de salud que ignore el medio en el que residimos, que omita nuestras características como sociedad y que deje de lado nuestras particularidades, debería ser considerada como una apuesta en falso, que poco tiene de exitosa.
Y es que, ante esta propuesta de retorno a clases, nos encontramos realmente preocupados, porque no podemos ser indiferentes ante nuestro entorno y ante la realidad que comparte gran número de personas. El escenario que se coloca frente a nosotros es uno en donde las problemáticas, que durante muchos años no se han resuelto dentro de nuestro país, se ven intensificadas como producto de la pandemia y al mismo tiempo favorecen con su presencia el impacto negativo de la misma. Para muestra, ¿podríamos hoy garantizarle a los niños cuyas escuelas han sufrido desabasto de agua potable, incluso desde antes de la aparición del COVID-19, que podrán cumplir con el lavado de manos oportuno y que este no estará sujeto a dicha escases?, o ¿seríamos capaces de asegurar que la distancia acordada entre los estudiantes serán un hecho, sí desde siempre han acudido a salones que resultan ser demasiado reducidos, no sólo por sus dimensiones reales, sino por la enorme saturación que presentan ciertas escuelas, resultando insuficientes incluso después de considerar la división de los grupos?, y ante todo, ¿realmente los consideraríamos espacios de bajo riesgo, a pesar de la existencia de aulas cuyo diseño y ventilación no permitirán si quiera algo tan imprescindible como lo es la libre circulación del aire, para poder reducir los contagios?
¿Y en qué lugar consideramos entonces a los menores que tienen que recorrer grandes distancias para llegar hasta sus escuelas?, ¿o es que acaso el trayecto no se está contemplando como un factor de riesgo por sí mismo? Nuestros niños serán expuestos de vuelta al sistema de transporte público que conocemos, el cual continuará llenándose más allá de su capacidad máxima, porque no ha dejado de ser escaso, propiciando con ello la congestión de personas en su interior, lo cual se traduce en un alto riesgo de contagio, dada la proximidad entre los pasajeros, especialmente si estos han abordado a las unidades sin cubrebocas o bien lo usan de manera inadecuada. En este sentido, ¿no es acaso el metro el medio de transporte por excelencia y al mismo tiempo un foco ideal de propagación viral debido a su altísima demanda y el tipo de ventilación artificial que utiliza?
Una vez expuestos durante la trayectoria hacia la escuela ¿será suficiente entonces con colocarles gel en las manos y medirles la temperatura a los niños? Si los pequeños entraran en contacto con una persona infectada, el tiempo que tardarían en manifestar los síntomas dejaría abierta la posibilidad de contagio antes de su identificación, con lo cual se dificulta la vigilancia, el control y el seguimiento de los nuevos casos, en especial si alguno resultara ser asintomático, es decir, si no desarrollara síntomas claros y consistentes como para poder ser reconocido por padres, tutores y maestros, con lo cual seguiría asistiendo a la escuela aun siendo portador del virus, como un vehículo silencioso ¿Estarán nuestros protocolos de prevención contemplando esto?
Aún más ¿qué hacemos con los menores que no tienen supervisión adulta? Tristemente todos conocemos niños que sufren de abandono familiar o están a cargo de personas de la tercera edad, quienes lamentablemente también representan un grupo vulnerable ante esta pandemia. En estos casos, ¿no deberíamos considerarles a estos pequeños con un riesgo especial de contagio y transmisión? No solo porque están más expuestos, sino porque tienen mayor probabilidad de ser atendidos de forma tardía e inoportuna y por consecuencia de desarrollar complicaciones, cuadros graves y secuelas. Un escenario similar, podríamos incluso mencionar que existe entre nuestros adolescentes, en donde la escasa supervisión paternal, excusada bajo una aparente “autosuficiencia”, se mezcla con sus deseos de agrupación y el incumplimiento de las medidas necesarias para reducir los contagios, dando como resultado el gran aumento de casos que ahora están sufriendo.
Ante este panorama y considerando que el regreso a clases presenciales se ha justificado en parte con la finalidad de brindar apoyo emocional a los menores, podríamos preguntarnos también ¿qué clase de apoyo emocional podrá fomentarse entre ellos, si para poder mantenerse fuera de riesgo, los niños y adolescentes tendrán que omitir las conductas de apego con respecto a sus compañeros?, ¿qué clase de retorno van a experimentar, si se les va a reunir en un sitio tan sólo para no permitírseles acercarse?, ¿no podría esto por el contrario, traducirse en un incremento de temor en algunos, estrés en otros e incitar la desobediencia o descuido de muchos más? Y de ser este el caso, ¿será una vez más el docente asignado a realizar actividades de contención que estén más allá de sus funciones o incluso alejadas de su formación profesional?, ¿o será que esta vez sí se ha de considerar la necesidad de contratar personal de apoyo especializado que pueda atender apropiadamente las diferentes problemáticas que pudieran surgir en la población estudiantil? Esto es de dudarse, pero debiera ya que ni siquiera en la posición actual de los maestros, estos pueden ser considerados exentos de ser contagiados o incluso de contagiar a los menores, al igual que el resto, dado que la inmunidad de rebaño aún no se ha alcanzado, pese a la vacunación.
Sin duda alguna, las escuelas son parte sustancial en la formación de nuestros pequeños, pero cederle la responsabilidad absoluta de construir niños sanos y de revertir todas sus dificultades, colocando al profesorado como principal autor, es restarle a las familias la posición fundamental que deberían ocupar, siendo que estas son las raíces de todo ciudadano. ¿No será acaso imprescindible también voltear a ver y atender las necesidades olvidadas que presentan los hogares, para poder convertirlos en espacios saludables para el crecimiento y desarrollo de los menores, brindándoles soporte desde su origen? Y con lo anterior no pretendemos desacreditar un modelo educativo u otro, sino solicitar un retorno a clases seguro, que contemple las desigualdades y la diversidad de escenarios que vive la población, anteponiendo siempre la protección de nuestros menores.
Porque la salud se debe entender como un estado de bienestar compartido que sólo se puede construir entre todos y que más que nunca, requiere de nuestra participación, para que las vidas humanas que ha cobrado esta pandemia sean testigo no sólo del desconocimiento, la pobreza, la falta de empatía, la osadía e incluso de la irresponsabilidad, sino también de la colaboración, de la adquisición de conocimiento, de la constancia y del compromiso de muchos. Hoy nuestro sistema de salud ya ha sido sobrepasado, pero debe continuar atendiendo, sin descanso y a pesar de la escases de recursos, a cada nueva avalancha de pacientes que surge, avalanchas que llevan en el fondo la participación del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas que padece nuestra población desde hace años y que la colocó en clara desventaja ante la aparición del COVID-19. El trabajo por venir incluye entonces no solo el frenar los contagios, sino en resarcir la salud de este 70% de mexicanos que cargan con una problemática minimizada hasta hoy, como lo es el exceso de peso, la diabetes y la hipertensión.
Las bases fundamentales para lo primero ya las tenemos: el uso correcto de cubrebocas, el evitar las aglomeraciones, el mantenimiento de un flujo de aire constante en espacios cerrados y durante el transporte, el uso de una distancia razonable entre usuarios, el adecuado lavado de manos y la atención oportuna de los nuevos casos, con un aislamiento responsable por parte de los afectados, pero aun podemos más, si a partir de ahora nos mantenemos cercanos: personal de la salud y población en general, para poder derribar aquellos mitos, dudas y prácticas de riesgo que sólo obstaculizan nuestra recuperación y nos alejan cada vez mas de una atención segura, oportuna e integral.
Porque todos somos agentes de cambio cuando nos informamos y nos convertimos en pacientes o cuidadores conscientes, cuando compartimos nuestros saberes de forma responsable para evitar que más personas enfermen y cuando nos involucramos en la creación de un medio más saludable, al fomentar y practicar rutinas que nos permitan volver a alimentarnos, activarnos, descansar e incluso convivir nuevamente pero de manera saludable, en donde el bienestar de todos signifique el bienestar de uno.

Publicado por mujeresylasextaorg

Mujeres que Luchan, adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Anti patriarcales y Anticapitalistas

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