La Casa de las 30000 de Mariana Arabarco


Veo a las personas recortadas en sus ventanas y balcones lejanos. Hace ya casi un mes que me atraganta una sintaxis silenciosa y sólo cuatro días de aislamiento obligatorio frente a un mar interrumpido por altos edificios. Mi percepción del tiempo es una experiencia reciclada de suspiros y achicamientos varios en sinestésica nostalgia. Los te quiero que vienen desde distintas cardinalidades son la energía sustentable que sacude el laberinto de mi misma cuando tirito de frío mental. Saludo a las moscas que entran por la ventana y que luego se van porque pueden.

Hay un momento de la tarde en el que el sol rebota en el metal de un edifico perpendicular a tres cuadras y un brillo encandilante entra por mi ventana. Me arrincono en esa oportunidad lumínica para resistir a los accesos de angustia que alternan con yoga y lectoescrituras. Extraño todo. Bueno, querías habitar tu soledad, dijo mi madre; querías un cambio radical; ¿no estás haciendo lo que querías?,me dijeron amigxs. Y sí, yo quería…quería desmenuzar la ficción de la soledad, torcer el sexo, el género, los vínculos, pero no quería peste, muerte medida en tiempo real, fuerzas represivas del estado en la calles del mundo, encierro exasperante.

Carecer de un abrazo diario me hace sentir que no sobreviviré, pero no romantizo la cuarentena. Estar solx con tu cerebro puede ser tan atroz como quedar atrapadx con alguien que te violenta, ser muchxs en un pequeño espacio, querer guardarse y tener que salir porque no queda otra. No es tiempo de medirse las desgracias. En esta fecha pienso en la lucha de madres y abuelas por la verdad, la justicia, la memoria. Pienso en lxs 30000 detenidxs desaparecidxs, en lxs muertxs de Abya Yala, en abortos clandestinos, en la deuda externa, en los mataderos. Proliferan en cuarentena las imágenes de la hidra capitalista, como le dicen lxs zapatistas.

Colgué mi pañuelo en la ventana. Temo que no se ve, creo que en este edificio casi deshabitado nadie me ve. Pero luego recibo un mensaje de buen día, una llamada, recuerdo una propuesta de juego pendiente, el audio de una amiga leyéndome un fragmento de la novela que la acompaña, las fotos de la perra mimosa que extraño tantísimo y dejo de moquear. Sobreviene una mueca a mi cara triste porque cuando me alejé de casa deseaba vivir mis afectos no monógamamente. Pues, ahora, dependo de toda una red afectiva que se reinventa creativamente a través de gestos de cuidado y puesta en común de los pesares. Un paisaje de apoyos mutuos interroga desde una naturaleza reverdecida por las circunstancias. 

Decime cómo te puedo sostener hoy.

https://contraidentitaria.wordpress.com/2020/03/24/en-casa-con-lxs-30000/

Publicado por mujeresylasextaorg

Mujeres que Luchan, adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Anti patriarcales y Anticapitalistas

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