Escribir este artículo me implicó una revisión exhaustiva de lo que la prensa ha cubierto en torno a la destrucción de la infraestructura educativa en Gaza, y en un sentido mas amplio sobre los impactos del genocidio en la educación, la historia y la memoria de Palestina. Si bien hemos sido testigos desde el 7 de octubre de 2023 de una guerra de exterminio transmitida en tiempo real, leer de corrido sobre las violencias extremas y las políticas de muerte que han afectado las vidas de nuestros colegas palestinos y de los y las estudiantes de ese país, ha sido una experiencia traumática. Cuesta mucho asimilar que universidades enteras hayan sido arrasadas, rectores, profesores y estudiantes asesinadxs, y que como comunidad académica no hayamos podido hacer algo para detener esta barbarie. A nivel personal algunos de estos colegas tienen nombres y rostros; no he podido dejar de pensar en Lena Meari, Linda Tabar, Nidaa Abu Awwad, Amira Silmi y Rula Abu Dhuo, del Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Birzait, con quienes compartí reflexiones, el pan y la sal, durante mi visita a esa universidad en diciembre de 2017.
Sus estudiantes han sufrido el hostigamiento continuo de las fuerzas de seguridad israelíes a partir de sus protestas ante la guerra de exterminio contra sus compatriotas en la franja de Gaza. El pasado 6 de enero, ellas, sus colegas y unos ocho mil estudiantes de esa universidad vivieron momentos de terror, cuando las tropas sionistas realizaron una redada hiriendo a cuarenta personas, once de ellas de gravedad. Esta violación del espacio universitario causó destrozos en distintos edificios del campus, los militares confiscaron materiales que consideraban subversivos y arrestaron al vicepresidente para Asuntos Académicos, Asem Jalil. La justificación de esta intervención militar fue que el estudiantado realizaba “actividades terroristas” al organizar un evento de apoyo a los presos palestinos y proyectar la película La voz de Hind Rajab.[2] Estas violencias contra las instituciones educativas palestinas son de larga data, pero han tenido sus momentos más álgidos en los últimos tres años, con la destrucción total o parcial de 12 universidades en la franja de Gaza, y el asesinato de tres rectores y de 95 directores de facultades y profesores. Se habla de un escolasticidio, que no solo ha destruido universidades, escuelas y otras instituciones educativas y culturales, y asesinado a profesores y estudiantes, sino que atenta contra la memoria histórica e identitaria del pueblo palestino.
En este artículo, me interesa no solo documentar con cifras y fechas este escolasticidio, sino compartir, a partir de mis propias memorias, la dimensión humana de esta catástrofe humanitaria, que continúa mientras escribo estas líneas.
Crónica de un encuentro con la resistencia palestina
Mi primera visita a Palestina coincidió con la decisión de presidente Donald Trump de trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, siendo el primer país en el mundo en reconocer la ciudad sagrada de musulmanes, cristianos y judíos como la capital del Estado de Israel. Era el 7 de diciembre de 2017 y las calles de Ramallah, capital administrativa del Estado de Palestina, donde se encuentra la Universidad de Birzait, estaban totalmente desiertas, por un paro laboral declarado a nivel nacional, en protesta contra esa medida política.
El seminario al que fui invitada por el Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Birzait se pospuso un día, y en vez de reunirnos a discutir el papel de las mujeres en los movimientos de liberación, nos trasladamos con un grupo de estudiantes a Jerusalén, específicamente a la Puerta de Damasco (Bab-al-Amud en árabe), una de las ocho puertas de la gran muralla que rodea la llamada Ciudad Vieja de Jerusalén, que da acceso a los barrios cristiano y musulmán, la cual se ha convertido en un espacio de protestas estudiantiles.
En la Puerta de Damasco en Jerusalén con las profesoras del Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Birzait, Lena Meari y Linda Tabar y con las activistas de derechos humanos Audrey Huntley (Canadá) y Adriana Pou (México). Archivo de la autora
Los veinte kilómetros que separan a Ramallah de Jerusalén están totalmente militarizados, los retenes del ejército israelí parando carros y pidiendo papeles de identificación son parte de la vida cotidiana de los palestinos. En este corto viaje descubrí el complejo sistema de ciudadanía que existe en la región: entre las profesoras había aquellas que habían nacido en Jerusalén, y aunque eran palestinas, tenían pasaporte israelí, sus familias habitaban esa ciudad desde antes de la fundación del estado de Israel, y se les conoce como “palestinos del 48”. Ellas pueden entrar a la ciudad sin problema, pueden votar, pero son parte del 20% de la población palestina-israelí que, aunque vive en Jerusalén, es continuamente discriminada, despojada de sus viviendas y de sus derechos políticos. Iban también a la protesta profesoras y estudiantes que nacieron en Cisjordania y que tienen pasaporte palestino, por lo que requieren un permiso especial para entrar a la ciudad amurallada, que debe incluir una invitación de algún ciudadano israelí. Al llegar a las puertas de Jerusalén, pudimos ver también las largas colas de trabajadores palestinos precarizados que tienen permisos de trabajo temporales, quienes deben de madrugar y esperar varias horas y pasar varios retenes para poder entrar a la ciudad. A quienes no pude ver en este viaje fue a los palestinos de Gaza, que, desde que Hamás ganó las elecciones parlamentarias en el 2006, tienen su movilidad cada vez más restringida y es casi imposible para ellos y ellas entrar a la ciudad sagrada. Paradójicamente, yo como mexicana, con visa de turista, y bajo el argumento de ser una católica deseosa de conocer “Tierra Santa” no tuve ningún problema al llegar al aeropuerto de Tel Aviv (ya que Cisjordania no tiene aeropuerto internacional) ni posteriormente para entrar y salir de Jerusalén. Fue así que me tocó estar en la Puerta de Damasco, en un día histórico, en el que un grupo de estudiantes y maestros de la Universidad de Birzait decidieron unir sus voces a las de habitantes palestinos de la Ciudad Vieja, que reclamaban sus derechos sobre este territorio. Se trataba de un mitin intergeneracional, pues había un grupo amplio de niños entre los 10 y los 15 años, que no habían asistido a la escuela por el paro nacional; había también mujeres cubiertas con hiyabs y niqabs,[3] cuyas edades era difícil calcular, pero que por su forma de caminar y moverse parecían mujeres maduras; y jóvenes estudiantes en jeans que llegaron de Ramallah, pero también de Jerusalén.
Niños y adolescentes en la protesta del 7 de diciembre de 2017 en la Puerta de Damasco. Archivo de la autora
Las consignas en árabe me fueron traducidas al inglés por las maestras a quienes acompañaba: Min el-maiyehlel mayieh, Falasteen Arabiya! (From the river to the sea, Palestine will be free! — Del río al mar Palestina será libre), Tawaqaf baed 75 eaman min alaihtilal! (Stop 75 years of occupation! —¡Alto a 75 años de ocupación!), Intifada, Intifada! (¡Rebelión! ¡Rebelión!). Los gritos tenían una cadencia desconocida para mí, que me hacían pensar en la poesía de Mahmud Darwish, que descubrí en mis clases de árabe en la UNAM, durante mi juventud.[4]
La policía montada israelí llegó y fue rodeando el mitin poco a poco, creando un ambiente de tensión que llegó a su punto álgido cuando los niños empezaron a tirar piedras a los caballos y a sus jinetes. En este momento yo y otra profesora canadiense, nos retiramos del plantón, quedándonos en las inmediaciones (yo tenía una lesión de rodilla que me obligaba a usar bastón y me impedía correr).
Lo que vino después es una de las memorias más emotivas de este viaje: cuando los policías trataron de golpear a los niños con sus fuetes, el grupo de mujeres los rodeó formando con sus velos y túnicas una gran carpa negra que los cubrió por completo. Parecía una coreografía que hubieran ensayado antes. Los niños fueron protegidos y asumidos como hijos de todas, que con sus cuerpos y sus niqabs los protegieron de los golpes policiacos e impidieron que se los llevaran. Y ahí estuvieron rodeándoles, por casi media hora, sin que los policías israelíes se atrevieran a romper el cerco femenino palestino. El valor de estas mujeres, el cuidado colectivo y la energía política que se manifestó en esta protesta, me conmovió hasta las lágrimas. Por lo menos en esta ocasión, la resistencia se había impuesto. Después supe que no siempre era así, pues la edad no es una limitación para ser detenido o reprimido por las fuerzas policiacas del Estado de Israel. Según el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en Territorios Ocupados, existen actualmente 350 niños palestinos presos en centros de detención israelíes, violando todas las normatividades internacionales de protección a la infancia (B’Tselem, 2025).
Con la caída del sol, regresamos a Ramallah contagiadas por la energía política de esos niños y esas mujeres. El concepto de intifadaera ahora mucho más concreto para mí, como lo era también el concepto de settler colonialism (colonialismo de asentamiento), que discutiríamos al día siguiente en nuestro seminario.[5]
La Universidad de Birzat y las mujeres palestinas
La Universidad de Birzait es la universidad más antigua de la Palestina contemporánea, su fundación antecede a la creación del Estado de Israel, durante el mandato británico en 1924, cuando se creó como una escuela para mujeres, teniendo desde sus orígenes un especial interés por la formación y la inclusión femenina en la sociedad palestina. Se transformó de Birzait School a Birzait University en 1975, siendo ahora una institución mixta, pero con mayoría de mujeres (59%). En este medio siglo, se ha convertido en un centro de producción de pensamiento crítico y en una de las universidades más importantes de Medio Oriente. En 1994 se fundó el Instituto de Estudios de la Mujer, con la primera maestría en estudios de género en Medio Oriente.
Campus de la Universidad de Birzait Fuente: Página Oficial de la Universidad.
Muchos de mis prejuicios en torno a la “sumisión de las mujeres árabes” se vinieron abajo al visitar este campus. La presencia femenina mayoritaria era visible en toda la universidad, con una heterogeneidad que iba desde la moda europea combinada con elegantes hiyabs, hasta los pantalones de mezclilla acompañados por la tradicional kuffiyah palestina. Las instalaciones modernas, casi lujosas, me recordaron a los edificios de la Universidad Iberoamericana en México. La politización de su planta estudiantil no se manifestaba en grafitis, ni en pósters, como pasa en nuestras universidades públicas. Esta universidad que no tiene nada que envidiar a las universidades de élite norteamericanas, es una institución pública con inversión privada y apoyo de la cooperación internacional, en la que confluyen estudiantes de las élites gobernantes palestinas con hijos de campesinos o trabajadores. Sin embargo, entre sus 15 mil estudiantes quedan muy pocos gazatíes, solo algunos desplazados que lograron migrar a Cisjordania de manera definitiva antes de que el genocidio se intensificara. La mayoría de los jóvenes gazatíes que estudiaban en Ramallah, tuvieron que abandonar sus estudios porque es imposible llegar hasta Cisjordania sin pasar por territorio israelí, ya que desde 2005 se cerró a los palestinos el paso fronterizo de Rafah, que comunicaba los dos territorios. Este cambio, que limitó aún más la movilidad de los y las estudiantes, influyó en que se crearan nuevas universidades en la franja de Gaza como la Universidad Palestina creada en 2005 en la Ciudad de Al-Zahara, la University College of Applied Sciences (UCAS) creada en 1998 y Universidad Al-Israa, fundada en el 2014, que albergaba un museo arqueológico. A pesar de la guerra de baja y alta intensidad en la que han crecido estos estudiantes, se trata de uno de los pueblos más educados de la región con una tasa de alfabetización del 97% y una población universitaria que se ha duplicado en los últimos 10 años en medio de la ocupación israelí (Clark, 2025).
Sin embargo, los nuevos centros educativos, construidos en la última década, al igual que las universidades más antiguas de la franja de Gaza, como la Universidad Islámica de Gaza (1978), la Universidad Al-Azhar (1991) y la Universidad Al-Aqsa (2000), han sido destruidos por los bombardeos del ejército israelí en los últimos tres años. Las y los estudiantes cisjordanos no han guardado silencio ante la barbarie. Han hecho protestas, plantones y usado las redes sociales para denunciar el escolasticidio cometido contra sus hermanos y hermanas gazatíes, pagando con la represión policial israelí esta audacia: a la fecha 300 estudiantes de la universidad de Birzait han sido arrestados por participar en actos de protesta.
Las críticas feministas a Hamás y al islamismo fundamentalista que se venían desarrollando en el Instituto de Estudios de la Mujer hace una década han sido silenciadas en un momento en el que la prioridad es denunciar la violencia del Estado sionista. Como sucede en muchos contextos de guerra y militarismo, las críticas de las mujeres a las violencias patriarcales de todos los bandos se silencian en nombre de la unidad nacional o revolucionaria. En 2017, las voces feministas palestinas denunciaban tanto el colonialismo de asentamiento sionista del Estado de Israel, la corrupción y las complicidades de la Autoridad Nacional Palestina, como las violencias patriarcales de Hamás y su gobierno islamista en Gaza. Sus análisis planteaban matices, contradicciones y exclusiones, que, en este momento de genocidio, es difícil nombrar. En la inauguración de nuestro seminario intitulado “Women and Liberation Struggles: Palestine and the Global South – Rethinking Revolutionary Histories and Futures”,[6] la directora del Instituto de Estudios de la Mujer, la Dra. Lena Meari, comenzó su discurso señalando que:
el propósito de esta actividad no es reflexionar sobre las historias de las revoluciones y sus complejas relaciones con las mujeres dentro de los movimientos de liberación nacional como una historia pasada que ya ha sido superada y archivada en un museo. Nuestro objetivo es recuperar las historias del pasado para construir un futuro para los movimientos de liberación nacional, que puede ser diferente y más incluyente que lo que existe actualmente en las fuerzas de liberación palestina, en el mundo árabe y a nivel mundial.[7]
Estudiantes de la Universidad de Birzait en el seminario Women and Liberation Struggles. Archivo de la autora
Estas luchas por construir una Palestina libre, democrática y antipatriarcal han centrado ahora toda su energía política en denunciar e intentar parar el escolasticidio, el genocidio y la destrucción total de ese sueño llamado Palestina.
El escolasticidio sionista y el intento por borrar la memoria
En los 29 meses que han transcurrido desde el 7 de octubre de 2023 (al 7 de marzo de 2026) el Estado de Israel ha arrasado con todas las universidades existentes en la franja de Gaza, superando la capacidad de destrucción de dos bombas nucleares (Euro-Med Human Rights Monitor 2023). La numeralia del terror en torno a este genocidio cambia de un día a otro, pero en marzo de 2025, el Monitor de Derechos Humanos Euro-Med, reportaba que 4327 estudiantes habían sido asesinados durante los bombardeos y la ocupación israelí de Gaza, y otros 7,819 habían sido heridos, mientras que 231 profesores habían muerto y 756 estaban gravemente heridos, se habían destruido parcial o totalmente las 12 universidades existentes en este territorio, y se había matado a tres rectores y 95 directores de carreras. Esta destrucción masiva de la infraestructura universitaria ha dejado a 88 mil estudiantes sin posibilidades de continuar su formación. La misma fuente señala que a nivel de educación primaria y secundaria, 378 escuelas habían sido destruidas y 6 mil niños en edad escolar asesinados, al igual que 964 de sus maestros. Paralelamente todas las escuelas de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados de Palestina (UNRWA por sus siglas en inglés) han sido cerradas, dejando a unos 625 mil niños y niñas sin acceso a la educación (Giroux, 2025).
Esta destrucción de vidas y de infraestructura educativa ha ido acompañada por una estrategia de anulación de la historia y la memoria del pueblo palestino, al destruir bibliotecas, museos, centros culturales, y todos aquellos registros que permiten dar cuenta de las luchas y la herencia cultural de este pueblo. La destrucción el 17 de enero de 2024 del Museo Arqueológico de la Universidad Al-Israa, de donde fueron saqueadas unas 3,000 piezas arqueológicas, patrimonio cultural de Palestina, para posteriormente bombardear el edificio, ha sido parte de esta estrategia de borramiento de su memoria histórica (Hedges, 2024).
La politóloga palestina, profesora de la Universidad de Oxford, Karma Nabulsi, popularizó el término de escolasticidio (scholasticide) para referirse a un patrón histórico de ataques a académicos e instituciones educativas palestinas por parte del Estado de Israel desde la Nakba de 1948, como una parte fundamental del colonialismo de asentamiento israelí (Giroux, 2025). Se trata de un proceso de largo aliento, que se manifiesta en formas de violencias institucionales cotidianas, como la represión del pensamiento crítico, la censura, el encarcelamiento de intelectuales palestinos, y en formas de violencia extrema como la masacre, la política de tierra arrasada y el desplazamiento forzado.
Al respecto, la escritora anglo-palestina Isabella Hammad, en un artículo publicado en el New York Review of Books, describía las distintas dimensiones del escolasticidio señalando que:
La guerra de Israel en Gaza no atenta solo contra la memoria, el conocimiento y la investigación crítica, sino que también se extiende a la destrucción de instituciones educativas donde la historia expone los crímenes del pasado y los movimientos de liberación y resistencia. Se trata de una guerra librada no solo contra los cuerpos, sino también contra la historia misma: contra los recuerdos, los legados de crueldad, las escuelas, los museos y cualquier espacio donde se preserve y transmita la historia y la identidad colectiva de un pueblo a las generaciones presentes y futuras. Este ataque a la conciencia histórica, la memoria, las ideas críticas y la historia perdurable del colonialismo de asentamiento, representa una forma de violencia ideológica que sustenta estratégicamente la guerra tangible y sangrienta que destruye las vidas palestinas y las instituciones que salvaguardan recuerdos vitales. En este contexto, surge el concepto de escolasticidio, que significa la destrucción deliberada de los espacios educativos que transmiten conocimientos, recuerdos y valores esenciales, se ha convertido en un elemento central de la guerra más amplia de Israel contra el pueblo palestino. (Hammad, 2024. Traducción mía)
Detrás de la documentación estadística del escolasticidio, hay vidas truncadas, historias de luchas por la educación, de éxitos académicos, de logros literarios y científicos. Hay también secuelas familiares y comunitarias, destrucción del tejido social, ausencias irreparables. Nombrar a algunos de los colegas que han sido masacrados es también una forma de honrar su memoria y desde México mandar nuestra solidaridad a sus familias y comunidades académicas: el profesor Sofyan Tayeh, quien fuese el rector de la Universidad Islámica de Gaza, un astrofísico mundialmente reconocido y receptor de varios premios internacionales, coordinador de la Cátedra UNESCO en Astronomía y Ciencias del Espacio, quien murió con toda su familia al ser bombardeado el edificio donde vivía; el Dr. Ahmed Mamdi Abo Absa, director del Departamento de Ingeniería y Ciencias Computacionales de la Universidad de Palestina, quien fue baleado por la espalda por soldados israelíes después de haber sido detenido ilegalmente durante tres días por las fuerzas de ocupación; el Dr. Mohammed Eid Shabir, profesor de las especialidades de inmunología y virología de la Facultad de Medicina de la Universidad Islámica de Gaza, cuyos aportes fueron fundamentales durante la crisis sanitaria de COVID-19, asesinado por un dron junto con su esposa, su hijo, su nuera y su nieto de tan solo seis meses; el Dr. Fadel Abu Hein, profesor de psicología clínica y director del Departamento de Psicología de la Universidad de Al-Israa, quien trabajó durante 30 años en el Centro de Salud Mental de Gaza, y que murió junto con su familia al ser bombardeada su casa; el profesor Refaat Alareer, poeta y profesor de literatura comparada y escritura creativa en la Universidad Islámica de Gaza, quien fundó la organización “No somos números” (We are not Numbers), que ponía en contacto a jóvenes escritores palestinos con escritores de todo el mundo. Sus libros Gaza Unsilenced(2015) y Gaza Writes Back (2014), son un testimonio, hermoso y doloroso, de la resistencia palestina. Él y seis miembros de su familia fueron asesinados en un bombardeo israelí en diciembre de 2023. Años antes había escrito en el New York Times sobre la ocupación israelí y el asesinato de 30 integrantes de su familia, durante la crisis entre Israel y Palestina en 2021.[8] Meses después de su muerte su hija y su nieto murieron también en un bombardeo en Gaza. Su poema Si debo morir ha sido traducido a varios idiomas y dado la vuelta al mundo,[9]como un presagio del futuro que le esperaba, pero también de la esperanza que siempre quiso inspirar en las nuevas generaciones:
Si debo morir, tú debes vivir para contar mi historia, para vender mis cosas para comprar un pedazo de tela y unas cuerdas y hacer un papalote (hazlo blanco, con una cola larga), para que un niño, en algún lugar de Gaza, mientras mira fijamente al cielo, esperando a su papá, que se fue en un resplandor —y no se despidió de nadie, ni siquiera de su carne ni de sí mismo— vea el papalote, mi papalote que hiciste, volando alto y piense por un momento que un ángel está allí trayendo de regreso al amor. Si debo morir déjalo traer esperanza, déjalo ser un cuento
Alareer escribió el poema en 2011, pero se volvió viral en noviembre de 2023 cuando lo publicó en sus redes sociales, un mes antes de ser masacrado en un bombardeo israelí, junto con su familia.
Estos son solo algunos de los colegas cuyas vidas y muertes logré documentar a través de la prensa. Una tarea pendiente, como académicos solidarios, sería documentar los nombres, profesiones, instituciones y áreas de especialidad de los más de 200 profesores universitarios asesinados en Gaza, nombrarlos y honrar su memoria. Buscar la manera de responder al reclamo del Dr. Ahmed Alhussaina, vicepresidente de la Universidad Al-Israa, quien entrevistado en el exilio decía: “Mi universidad fue destruida totalmente y hasta ahora no he escuchado los gritos de indignación de mis colegas en la comunidad internacional” (Hedges, 2024). Urge expresar nuestra indignación, unir nuestras voces, como académicos y académicas comprometidas con la justicia social y la defensa de la vida, a quienes están demandando el alto real al genocidio, disfrazado ahora de “reconstrucción”, tras un alto al fuego falso.
Destrucción de la Universidad Al-Israa por el ejército israelí el 17 de enero de 2024. Fuente: Al-Jazeera
El escolasticidio continúa, ahora también en Cisjordania, con la represión y el encarcelamiento de las protestas estudiantiles, como sucedió en enero pasado en la Universidad de Birzait. Este escolasticidio en sus manifestaciones de violencias lentas, tiene sus ecos fuera de Medio Oriente, en donde muchas instituciones educativas que reciben financiamientos del Estado de Israel o de empresarios sionistas han censurado e inclusive cesado a docentes que se han atrevido a denunciar el genocidio del pueblo palestino. Desde Canadá y Estados Unidos, pasando por Reino Unido, Alemania, y muchos países europeos, las voces críticas en la academia están siendo silenciadas.
Sin embargo, el escolasticidio, no se habrá consumado mientras haya una pluma, una voz, un pincel que documente la memoria, resista el silenciamiento, y nos recuerde que pueblo palestino sigue existiendo. Poetas como Mona Musaddar, Fatena Al Ghurra y Doha Al Kahlut;[10] pintorxs como Malak Mattar, Maisara Baorud y Hani Zurob;[11]músicos palestinos como Mohammed Assaf, Samaʼ Abdulhadi y Saint Levant,[12] han documentado el genocidio, pero también la resistencia, y sus obras son ya parte del archivo de memoria sobre el pueblo palestino, y sus luchas en estos tiempos de barbarie.
En este pequeño rincón de la academia latinoamericana que es CIESAS, queremos hacer resonar las voces que denuncian la guerra de exterminio contra el pueblo palestino, también queremos decirle al Dr. Ahmed Alhussaina, que estamos indignados e indignadas por la destrucción de su universidad, que nos unimos a su duelo por todos los colegas asesinados, por todas las bibliotecas y museos destruidos. Que el escolasticidio no se consumará mientras sus palabras, sus escritos, sus memorias, tengan eco. Esperamos que nuestros escritos sean parte de ese eco.
Referencias citadas
Alareer, R. (ed.) (2014). Gaza Writes Back. Short Stories from Young Writers in Gaza, Palestine. Just World Books.
Alareer, R. y El-Haddad, L. (eds.) (2015). Gaza Unsilenced. Just World Books.
B’Tselem – The Israeli Information Center for Human Rights in the Occupied Territories (2025, 26 de noviembre). Statistics on Palestinian Minors in Israeli Custody. https://www.btselem.org/statistics/minors_in_custody
Darwish, M. (2024). Contrapunto (selección y traducción de Luz Gómez). Galaxia Gutenberg.
Giroux, H. (2025). Scholasticide: Waging War on Education from Gaza to the West. Journal of Holy Land and Palestine Studies, 24(1), 1–16.https://doi.org/10.3366/hlps.2025.0348
Gutiérrez de Terán, I. (ed.) (2025). Gaza:poemas contra el Genocidio. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Hernández Hernández, E. y Hernández Luna, B. (Recitadores). (2024, 8 de junio). 383 [Refaat Alareer] Tlané ni mikis/Si debo morir/If I must die (Náhuatl; Pueblo/People Nahua; Sierra Norte de Puebla, Tlamánca de Hernández Puebla, MX) [lectura de poesía (B. Hernández Luna, E. Hernández Hernández y A. T. Martínez Alarcón, trads.)]. En Montipó Spagnoli, M. (comp.) Memorial Si debo morir/If I must die [Refaat Alareer] al pueblo Palestino/to the Palestinian people. Spotify. https://open.spotify.com/episode/21q2L08ED7z1nHwMxXwbLd
“La voz de Hind Rajab” (The Voice of Hind Rajab; Kaouther Ben Hania, Túnez/Francia, 2025) es un largometraje sobre el asesinato de Hind Rajab,[] una niña palestina que murió el 29 de enero de 2024 en la franja de Gaza, a manos del ejército israelí. Para una reseña de esta película, ver el artículo de Mauricio Sánchez en este número especial. ↑
El hiyab es el velo usado en Palestina y en otras regiones de Medio Oriente, que cubre el cabello y el pecho, mientras que el niqab lo usan las mujeres más conservadoras y cubre todo el rostro dejando solo los ojos al descubierto. ↑
Mahmud Darwish (1941-2008) es considerado el poeta nacional palestino y uno de los escritores árabes más importantes de la literatura contemporánea. Una antología de su obra poética ha sido traducida al español por Luz Gómez y publicada bajo el título de Contrapunto por la editorial Galaxia Gutenberg (2024). ↑
El concepto de settler colonialism ha sido traducido al español como colonialismo de asentamiento y se refiere a una forma específica de colonialismo en la que los colonos se asientan en el territorio colonizado de forma definitiva, al contrario de, por ejemplo, el colonialismo inglés y francés en África, en el que los colonos se establecían sólo temporalmente y controlaban las colonias desde las metrópolis. ↑
Lena Meari, discurso de inauguración del seminario “Women and Liberation Struggles: Palestine and the Global South- Rethinking Revolutionary Histories and Futures”. 11 de diciembre de 2017, Universidad de Birzait, Cisjordania (traducción mía). ↑
En su artículo en este mismo número especial de Ichan Tecolotl, Evelia Hernandez, Alma Teresa Martínez y Jovany González, comparten la traducción al náhuatl que hicieron Alma Teresa Martínez, Evelia Hernández y su papá, Benigno Hernández, leída por estos dos últimos: https://open.spotify.com/episode/21q2L08ED7z1nHwMxXwbLd↑
La obra de poetas palestinos contra el genocidio se puede leer ya en español en la antología editada por Ignacio Gutiérrez de Terán (2025) ↑
El Condenado y las Hormigas. (el amor y el desamor según un niño zapatista)
(Nota aclaratoria para quienes no conocen algunas cosas: el GAL es el Gobierno Autónomo Local, y GALes es el plural. El CGAZ es como la coordinación de GALes, según su cercanía geográfica. La ACEGAZ es la asamblea de las coordinaciones de GALes. El INTERZONA es donde se reúnen los encargados de todas las zonas zapatistas (las comandantas y comandantes, pues). La PERMANENTE es una asamblea de compañeras y compañeros que están aprendiendo de gobernar. Pero no hagan mucho caso de estos nombres porque, como el COMÚN se está construyendo todavía, la estructura va cambiando de forma y de nombre. Fin de la nota aclaratoria)
Habrá una vez un niño. Zapatista. No muy grande pero no muy chico. Es de raíz maya y vive con su familia en una comunidad donde hay zapatistas y partidistas, o sea lo que ahora llamamos “hermanos no zapatistas”.
Este niño es muy travieso. Nomás aprendió a caminar, se salía de la casa y anda vete. Cuando salían a buscarlo, los papás siempre lo encontraban en problemas: que quiso agarrar una avispa, que se pintó con lodo todo el cuerpo, de una vez bien encuerado, pero color lodo que se puso – porque se puso a jugar con los cuchitos-. Otra vez lo encontraron en el potrero según esto hablando con una vaca que acababa de tener becerrito. “Es que le estaba preguntando por su cría”, dijo cuando lo regañaron.
Bueno, de ahí que, como el niño era muy travieso, su papá y su mamá se turnaban para cuidarlo.
Pero ya saben ustedes como son los pinches hombres, que dicen que cuidan y ahí nomás están en el celular, que si el feisbuc o el whatsappy esas cosas.
Las mamás, lo sabemos, si es que van a cuidar, es que van a cuidar. Y es como si tuvieran ojos por todas partes, hasta atrás de la cabeza, porque cualquier travesura que quieres hacer a escondidas, ahí nomás te descubren.
Bueno, también lo sabemos que las mamás mucho regañan. No es que nomás te dicen “no hagas eso”, no, te empiezan a decir un montón de cosas que parece que están rezando, y peor porque te regañan en lengua, y en castilla y, a veces, hasta en inglés, francés, italiano, alemán y hasta en farsi.
A este niño le regañaba su mamá diciéndole: “condenado chamaco del demonio, te vas a ir al infierno por tanta travesura que haces”.
Y así se pasaba el día de este niño: haciendo travesuras él, su papá haciéndose pato, y su mamá regañando a los dos.
Bueno, pues llegó su día de que el niño tiene que ir a la escuela autónoma. Entonces están todos los niños y las niñas en la escuela, el primer día de clase, y llega la promotora de educación.
Entonces el chisme cuenta que la promotora de educación estaba muy enamorrrada, de una vez que no se puede creer, de un promotor de salud. Pero el problema era que ella y él eran de dos puyes diferentes, o sea de dos caracoles distintos (“puy” quiere decir “caracol” en lengua de raíz maya). Ella estaba en un puy, y él en otro puy que está retirado. Ella y él se conocieron en una fiesta de aniversario del alzamiento. No dijeron nada, sólo bailaron juntos. Y aunque hacía un frío de todos los demonios, ellos no tenían frío. Él hasta sudaba y ella se ponía roja, bien roja de la pena. No se dijeron nada, pero la promotora de educación lo investigó bien.
Ya ven cómo son las compañeras, que tienen un sistema de investigación y comunicación secreto, entonces esta compañera lo investigó primero lo más importante. O sea, si es que el muchacho tiene o no tiene marida.
Ya que lo supo que no tiene marida, entonces la compañera lo investigó un pretexto bueno para verlo.
Y llegó en su cabeza de ser teatrista, porque los teatristas de los puyes se reúnen cada tanto que los llama el SubMoy para preparar obra de teatro.
Y vio la forma de que el muchacho también se entrara de teatrista y así se iban a poder ver, y tal vez platicar, y tal vez tomarse de la mano, y tal vez abrazarse, y tal vez darse un besito, y tal vez… ¡Ay diositillo!
Bueno, pues se sabía que pronto iba a haber encuentro de artes y que iban a llamar a los teatristas para preparar una obra de teatro sobre el común y la naturaleza. Entonces la promotora de educación, ¿acaso está con su cabeza en la clase? No, ella está bien distraída, pensando en otra cosa, no se concentra y sólo está suspirando, pensando en cuándo se va a encontrar con su amado. Pero ya están todas las niñas y niños, y ya se están peleando por un dulce de chamoy que lo llevaron la Verónica, la Ceci y la Hermelinda Damiana (que son las nuevas reclutas del Comando Palomitas).
Entonces como la promotora está distraída por causa de su enamoramiento, cuando va a pasar lista que le dio el formador de educación, no la encuentra la lista. Y la busca la lista, pero no hay.
Y es un gran problema, pero la promotora está enamorada pero no es tonta y dice: “A ver, cada quien va a decir su nombre para que todos sabemos cómo se llama cada quien”.
Entonces cada niña y niño va diciendo su nombre, y cuando llega el turno del niño travieso él dice: “Yo me llamo Condenado y me apedilloChamaco del Demonio”. Así me dice mi mamá todo el tiempo “Condenado Chamaco del Demonio”, entonces ése es mi nombre”.
La promotora, como ya dije que estaba muy enamorrada, pues no le importó y así lo apuntó en la lista “Condenado Chamaco del Demonio. 4 años entrado en 5, del GAL tal”, y todo el rollo de cgaz, acegaz, interacegaz, permanente, interzona y esos nombres raros del común zapatista.
Cuando revisó la lista, el formador de educación no se dio cuenta porque se estaba peleando con su mujer, que lo regañó porque decía que estaba coqueteando con la comadre Ruperta.
Y el formador se defendía: “Pero cómo crees mujer, si la comadre tiene 80 años”. “No importa”, decía la celosa, “tiene 80 años de mañas, que son tantas que ni con mecapal las alcanza a cargar, y es una quita-maridos”.
Y ahí están peleando y peleando, y el formador no puso atención que en la lista había un niño que se llamaba “Condenado” y se apellidaba “Chamaco del Demonio”.
Y así quedó en su papel de educación el nombre de este niño. Y así lo conocían sus compañeritos y compañeritas de la escuela.
Pero el asunto llegó hasta las reuniones de la palabra de dios. Y ahí escucharon que el tunel (-se pronuncia con acento agudo-, que es el encargado de los sacramentos), dijo que hay que tener cuidado con la gente mala, “son los condenados”, dijo, “y no hay que juntarse con los condenados”.
Y ni modos, al siguiente día, nadie se acerca al niño que se llama “Condenado”, y no juegan con él ni nada. Entonces lo dejan solo.
Pero el Condenado Chamaco del Demonio, no se puso triste, sino que organizaba sus propios juegos y se iba al monte a buscar de herbolaria, porque su abuela sabía de plantas medicinales y él la acompañaba.
Y también acompañaba a su papá cuando iba a la milpa, y a su mamá cuando iba a la leña, y ahí su papá y su mamá le enseñaban cuáles animales son malos y no hay que acercarse, y cuáles son buenos y no hacen daño, y cuáles son parecidos pero diferentes, y cómo se llaman.
Entonces el niño aprendió nombres y modos de muchos animales, y nombres de muchas plantas y para qué se usan. Y el niño hizo un su cuaderno de apuntes: en un lado puso los nombres de todos los animales que conocía y en otro lado los nombres de las plantas.
Entonces el niño un día está revisando sus apuntes y lo mira que no están las hormigas. Y va y le pregunta a su papá de las hormigas.
El papá estaba peleando con la mamá porque el pozol estaba agrio y así nomás no se podía, y se estaban regañando los dos, como de por sí se regañan las parejas que se quieren. El niño volvió a preguntar si las hormigas son buenas o malas. Y el señor, como seguía peleando, nomás le dijo “las hormigas son hormigas”.
Entonces el niño quedó pensando que eso quería decir que no se sabía si las hormigas son buenas o malas, y entonces hay que estudiar.
Y el niño empezó a estudiar a las hormigas: dónde caminan, dónde viven, qué hacen. Y supo que hay distintos tipos de hormiga. Estuvo mirando y analizando varios hormigueros, y lo miró que están organizadas las hormigas, o sea que tienen repartidos los trabajos y los cargos: hay quien sale a explorar, hay quien consigue la comida y la lleva al hormiguero, hay quien tiene y cuida a las crías, hay quien defiende, y hay quien se hace pato o pata, según, o sea haraganas.
Pero el niño no quedó conforme y pensó que hay que investigar más. Entonces se le ocurrió una travesura: fue a ver al Monarca y le dijo que tiene que buscar y mostrarle videos de las hormigas. El Monarca lo miró que es un chamaquito y le preguntó que quién dijo. El niño dijo su mentira que es orden del SubMoy.
El Monarca no lo creyó y le preguntó que cómo se llama el niño. El pequeño dijo su nombre: “Condenado Chamaco del Demonio”, y entonces el Monarca tuvo miedo de que qué tal que sí es del demonio, y, ni modos, tuvo que buscar los videos y mostrarle al niño.
En la noche el Monarca no pudo dormir por miedo del diablo. Porque al Monarca lo regaña el SubMoisés, y lo regaña el Capitán Marcos. Si también lo va a regañar el demonio, pues no está cabal.
Pero el niño así aprendió más de las hormigas, de cómo están organizadas, y de los cargos y trabajos que tienen.
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Una vez, después de que llovió muy fiero, o sea, después de una tormenta, el niño fue a mirar cómo estaba un hormiguero que había cerca de su champa. Alrededor de la entrada del hormiguero había pequeños arroyitos de agua.
Y las hormigas que salían de la boca del hormiguero estaban como confundidas, dando vueltas de un lado a otro. De pronto, una de ellas se mete al agujero y detrás de ella salen otras hormigas, pero como marchando, como si fueran un ejército.
No hay quien manda, pero las hormigas soldados rápido se organizan y se agarran de las patitas unas y otras, y hacen como un puente sobre uno de los arroyitos y ya entonces las demás hormigas agarran camino y cruzan el puente y van donde les toca ir por alimentos y para explorar.
Ya que el sol seca los arroyitos, las hormigas soldado se sueltan y vuelven al hormiguero, y salen de nuevo a su trabajo que les toca.
El niño queda muy impresionado por esto que miró y queda pensando.
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Otro día, cuando están en la escuela con la promotora de educación enamorrada y distraída -suspirando de amor la pobre-, llegan los GALes de ese pueblo y le dicen a la maestra que en la asamblea general de GALes, máxima autoridad zapatista, se acordó invitar al SubMoy a que da plática, y que ese día le tocaba en ese pueblo, y el SubMoy preguntó por la escuela y le mostraron, y dijo el SubMoy: “voy a dar plática del común a las niñas y niños, para que desde pequeños entienden lo que se está haciendo”.
Y en eso entra el SubMoy al salón, pero la promotora de educación acaso se da cuenta y está en un rincón nomás suspirando y suspirando por su amor lejano.
Entonces el SubMoy se da cuenta de que la compañera ni siquiera lo ha visto y saluda a los niños y niñas. “Buenos días”, les dice, “yo me llamo Subcomandante Insurgente Moisés y les voy a dar una plática”.
Y, de una vez, empieza el SubMoy a explicar lo que es el común y las pirámides y el trabajo político y las ciencias y las artes y la preparación militar para defenderse y todo eso.
Y las niñas y niños se quedan callados, como que no entendieron nada, así como se quedan callados los del interzona, que no quieren participar porque rápido se descubre que no entendieron nada porque estaban distraídos con el celular o metiéndose el dedo en la nariz.
Entonces, como todos están callados y hasta los GALes del pueblo están mirándose las botas como que tienen mucho lodo, o sea que están haciéndose patos y patas, el SubMoy pregunta a los niños y niñas si entendieron la explicación.
Nadie dice nada, todo en silencio, y hasta el subMoy piensa que está en una reunión del interzona, y ya se va a ir cuando un niño levanta la mano.
El SubMoy se detiene en la puerta y se regresa y le dice al niño que diga su palabra.
El niño sólo dice “Hormigas”.
El SubMoy hace su ojo así, como que no entiende nada, y le dice “bueno, a ver explica eso de hormigas”.
Y el niño empieza a contar lo que miró en el hormiguero, de cómo estaban organizadas las hormigas, y cada quien su trabajo, y se apoyan, y se enseñan y hasta se curan entre sí, y lo que pasó después de que llovió y cómo un grupo de hormigas su trabajo era cuidar, proteger y apoyar a su comunidad de hormigas.
El SubMoy lo escuchó con atención, volteó a ver a los comités que lo acompañaban y los miró como diciendo “¿No les da vergüenza que un niño sí entiende y ustedes que ya están grandulones no saben explicar?” Los comités siguieron haciéndose patos y patas, como que no están ahí.
Entonces el SubMoy lo felicitó al niño y le preguntó cómo se llama. Y el niño respondió “Condenado Chamaco del Demonio”, pero uno de los GALes se acercó y le dijo al SubMoy que es un su nieto de una vieja pareja, zapatistas desde antes del alzamiento.
El SubMoy le preguntó al niño por qué se llama así y el niño señaló con la mirada a la promotora de educación que seguía suspirando y dijo “por culpa del amor”; luego el niño miró al formador de educación y agregó “y por culpa del desamor”.
El SubMoy se rio un buen rato, mal miró a la promotora, mal miró al formador, y lo invitó al niño a comer con él tamale crudo que habían preparado las compañeras cocineras de ese pueblo.
Puras solteras, dijo el Capitán Marcos, porque no saben hacer tamale y por eso no agarran ni una gripa, menos van a agarrar pareja.
En realidad, era su maña del SubMoy para que el niño comiera el tamale primero y si no le hacía daño, entonces ya comía también el SubMoy.
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Al Capitán no le dieron ni el saludo. Quien le manda andar mal hablando de las cocineras.
Pero el Capitán no se preocupó, porque se comió todo el dulce de chamoy y las paletas de malvavisco que eran para el Comando Palomitas.
Y al final, igual le dolió su panza al Capitán por comer mucho dulce.
Damas, caballeros y quienes no son los unos ni las otras:
Antes que nada, queremos agradecer a Gabriel Pascal, David Olguín, a Philippe Amand y a toda la banda que hace posible este evento. A Steph por su incondicional complicidad.
También agradecemos a Lenin y a Marina, quienes han tenido la bondad de leer nuestras participaciones.
Quiero aclarar que no fuimos invitados a este homenaje al maestro Luis de Tavira. Digo esto no como reproche, sino como prueba de descargo para quienes, en buena oportunidad, organizaron esta reunión. Sirva el presente texto para que puedan lidiar con reclamos, mentadas de menta y de las otras, procesos judiciales y lo que se derive del caso, o cosa, según.
Entonces se puede decir que estamos aquí de “colados”. Imagino su desagrado, pero tomen en cuenta que sería peor si hubiéramos dado “portazo”, esa sana costumbre ciudadana de meterse sin tener invitación, ni paga para los boletos.
Celebramos así no sólo que sus cercanos saluden al maestro, también y sobre todo para manifestar el abrazo de quienes, sus lejanos, lo pensamos.
Y esta celebración, en la que el maestro viene siendo como el pretexto, nos plantea varias cuestiones. A saber: ¿qué es lo que posibilita que converjan, en una geografía y un calendario, comunidades tan distintas y lejanas? Porque eso son quienes aquí se encuentran presentes -algo de lo mejor de la comunidad artística-. Y, bueno, nuestras palabras son para hacer presentes a quienes están alejadas: algunas de las comunidades indígenas, originarias de raíz maya -las zapatistas-.
Una comunidad artística y comunidades indígenas coincidiendo. Diferentes encontrándose sin dejar de ser lo que son. Y un maestro teatrista, Luis de Tavira, como convocante involuntario.
A las primeras las convoca el arte dramático. “El reto artístico supremo”, solía decir el finado SupMarcos -que diosito lo tenga en su santa gloria y la virgen santísima lo colme de bendiciones-, para diferenciarlo de las otras artes. Y supongo, sin que me conste, que el difunto se refería a que la realidad acosa al Teatro (así como a la danza y, en algunos casos, la música) en un presente vertiginoso. A diferencia del cine, las artes gráficas, la escultura, la literatura y la arquitectura, por ejemplo, donde el acto artístico se crea en un espacio diferente a donde se confrontan con las personas escuchas-videntes y no videntes, el teatro se relaciona con lo otro en una situación espacio- temporal especial. Lo que hace que la geografía y el calendario sean creados también como parte de esa creación artística. Así, cuando se dice “teatro”, se refiere lo mismo a la obra representada y al espacio donde se confronta a veces.
Estamos así aquí -nosotros los pueblos zapatistas-, bajo protesta de quienes organizaron este homenaje, en un espacio teatral llamado “El Milagro”, tal vez porque el ejercicio del arte dramático, al menos en México, es un milagro logrado pese a todas las dificultades que se topan.
Pero, en los tiempos sombríos de una Inteligencia Artificial que acosa a las artes, el teatro parece estar a salvo. Al menos por ahora, parece imposible que un organismo cibernético pueda emular esa confrontación maravillosa que se da entre los teatristas y el público.
Parece difícil (al menos ahora), que la Inteligencia Artificial pueda aproximarse siquiera a las distintas caracterizaciones del personaje de Adela, en La Casa de Bernarda Alba, quien, con el fuego del amor prohibido, desafía al autoritarismo:
“¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata un bastón a su madre y lo parte en dos). Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Marcos!”
(Ok, ok, ok, el texto original dice “Pepe”, pero digamos que es una licencia poética).
Cierto, tienen ustedes razón en que no es inocente que haya yo elegido una obra de teatro de Federico García Lorca, alguien diferente, distinto, acosado y asesinado por ser quien era y por la causa que abrazaba. Tampoco es gratuito que haya escogido un parlamento de una mujer rebelde. Ni puede ser ocioso que una artista, Marina, lea este texto.
Pero en realidad, lo que me ha movido a esta mención es el amor subversivo que en esa obra se decanta. Y, claro, el reto escénico que esas breves líneas plantea a cualquier hombre, mujer u otroa teatristas: Adela rompiendo el sepulcro blanqueado en el que, junto al resto de sus hijas, Bernarda Alba las tenía encerradas.
Y todo esto viene al caso, o cosa, según, porque, en el pasado semillero de diciembre de 2025, Don Luis de Tavira, el maestro, fue el único que entendió lo que pretendimos al introducir, en los temas, los del amor y el desamor. Cuando le escribí invitándolo, le dije que lo más probable era que ninguno de los ponentes tocara esos puntos, además de nosotros, claro. Así que no tenía por qué preocuparse de eso. Él entendió inmediatamente que eran precisamente ésos los temas más importantes de ésa y de todas las reflexiones habidas y por haber. El maestro aceptó el reto (en realidad, el teatro en sí es un reto). Y su participación, a la lejanía -como estas palabras-, centró el misterio por develarse: el amor y el desamor.
Brillante, como de por sí, el maestro reveló y rebeló el leit motiv de la historia humana, de sus éxitos y sus fracasos, de sus ascensos y caídas, de guerras escondidas detrás de desamores y de amores escondidos detrás de guerras, de resistencias y rebeldías.
En su participación, el maestro dice que yo dije lo que en realidad él dijo: el arte es una declaración de amor a la humanidad. Y si él dijo que yo dije lo que él dijo que dije que él dijo, entonces no se trata de una confusión, sino de una feliz coincidencia. Una coincidencia entre dos lejanías, como las que se encuentran hoy aquí, de milagro, en El Milagro.
Debéis ser fuertes: en este amor terrible y maravilloso, en el arte, camináis al desamor. Porque la humanidad no os corresponderá. Ella es díscola, rejega, ingrata, pérjida, romántica insoluta -como bien definió el filósofo mexicano Salvador Flores Rivera-. Y aun así debéis perseverar. Así es como podréis entender que las artes son una maldición. Una maldición hermosa, cierto, pero maldición, al fin y al cabo.
Ahora imagino los gestos de Steph, quien es coautora de esta irrupción. Debo decir, en su descargo, que no ha sido sólo cómplice de éste, y que hay otros crímenes en el horizonte que esperan la misma dedicación y compromiso de su parte. Porque el teatro, amigas y enemigas, es eso también, es decir, complicidad, dedicación y compromiso.
Imagino también la risa contenida de Marina, a quien le hice saber que se trataría de un texto serio, y que debía leer en el momento, sin conocerlo con antelación. No sólo, también le dije que el guion exigía que se peinara, algo que ustedes constatarán o no, depende si se impuso o no su disciplina artística. Supongo que hará gestos de desagrado y reproche. Un mohín de incomodidad, o de preludio a un lloriqueo fingido, no vendría mal en el momento de llegar a estas letras. Gracias Marina, pero creo que necesitas practicar más, los pucheros, frente al espejo.
Porque eso es también el teatro, un espejo que refleja lo mejor y lo peor de la humanidad, que interpela a la imaginación del espectador y que lo vuelve cómplice embozado tras un aplauso o una rechifla o un reclamo iluso de “¡devuélvanme el costo del boleto, y agreguen el precio del taxi de aplicación, mi valioso tiempo, y más el IVA!”, por aquello de que el SAT, el Sistema de Administración Tributaria, se ha convertido en la migra, el ICE, que persigue artistas como si el arte fuera un negocio y no lo que es en realidad, es decir, un milagro.
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Pero no se distraigan. Al maestro le ha tocado el papel de pretexto, papel que él ha asumido, imagino, bajo protesta. Pero el tema central de este encuentro es el teatro. O, más en general, las artes.
Ya antes, hace un año, hice un símil entre el director de teatro y el mando militar. No importa cuánto ensayen o practiquen, a la hora de enfrentar la realidad (la confrontación con el público en el caso del Teatro (también la Danza y, en algunos casos, la Música), y con el enemigo en el caso del combatiente), no hay oportunidad de repetir la escena. Tal vez eso explique la simpatía espontánea que aprecié en el encuentro de Artes de hace un año, entre ellos dos, cuando el Subcomandante Insurgente Moisés y el maestro Luis de Tavira compartieron la mesa y la palabra-. Estuvimos con Steph y un servidor como flancos guardianes, y las participaciones de Iván Prado, los Zurdos, y, desde otra lejanía, Antonio Ramírez.
Por esto he dicho antes que el arte dramático, como la danza, representa un reto mayor.
Y más: en el teatro confluyen, en el instante fugaz de la representación, multitud de factores.
Las partes que el todo reclama para constituirse en arte. La iluminación, el vestuario, la escenografía, la sonorización, y hasta los anuncios, el boletaje y el acomodo de los asistentes. Ahora imagino a Gabriel, a Philipe y a David preguntándose si somos los únicos colados, porque hay asistentes que, se sospecha, sólo llegaron para ver si había coctel y ambigú. Y ya comentan, entre dientes, que sólo hay un agua azucarada de sabor indescifrable, y un triste sándwich que conoció mejores días. Claro, todas, todos y todoas sonríen y dicen en voz alta “¡Ah, el teatro!”, mientras se acercan sigilosamente a la salida.
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Ya les advertí, no se distraigan, concéntrense.
Mucho se ha hablado del teatro como diversión, como denuncia, como reflexión y como recurso didáctico. Así las cosas, un maestro o una maestra de teatro, en realidad son educadores de educadores. Acá les decimos “formadores”. Hay formadores de educación -que forman promotores de educación-, formadores de salud -que preparan a promotores de salud, primeros auxilios, medicina preventiva, parteras, herbolaria, laboratoristas y, algún día, formarán carniceros o “mete cuchillo”, que es como llamamos a quienes le saben a las cirugías-.
En fin, tenemos al teatro como diversión, como denuncia, como imagen de época y cultura, como reflexión y como pedagogía.
Seguro hay más filos en el erizo del arte dramático, pero yo les voy a señalar una espina que tal vez ignoran. Esto es, el teatro como amor y desamor.
Y para esto, les traigo un cuento que conté en una reunión donde se encontraban jóvenes y jóvenas coordinadores de arte y cultura, así como no pocos teatristas, hombres y mujeres zapatistas.
Este sábado habrá una reunión en Amoxtli, para quien quiera retomar el diálogo y balance del encuentro mujeres tejiendo futuro y lo que sigue desde el corazonar el común. A partir de las 4:30 pm
Para el maestro Luis de Tavira. Del Subcomandante Insurgente Moisés.
Compañero Tavira:
Le mando nuestros saludos a nombre de los niños, ancianos, mujeres, hombres y otroaszapatistas.
De director a director teatristas, le mando un abrazo propio. Estamos contentos que se haya usted mejorado un poco de su salud, y que esté ahora en este homenaje que le hacen sus más cercanos familiares y amistades.
Acá seguimos en la lucha, en nuestra resistencia y rebeldía que, como usted sabe bien, también camina por las artes y las ciencias. Hace unas semanas, los coordinadores de arte y cultura, y los teatristas, le escribieron una carta, y usted les respondió. Eso alegró nuestro corazón porque entendemos así que usted nos ve también como lo vemos nosotros a usted. O sea, como compañero en la lucha por la vida.
Como bien lo sabemos, la tormenta se hace más fuerte y mortal en todos los rincones del mundo, y son los más jodidos quienes más sufren.
Pero, como bien ha dicho usted en algunas ocasiones, las artes son también una forma de lucha por la vida. Y quienes luchamos, resistimos y nos rebelamos, también aprendemos y enseñamos con las artes y las ciencias.
La lucha por la vida en estos tiempos difíciles y duros se hace con la cabeza, el corazón y las tripas. Y las tres cosas tienen qué ver con la historia de cada quien. Somos diferentes los que somos de sangre que decimos originaria, indígena. Diferentes en cabeza, corazón y tripas de quienes tienen otra lengua, otro modo, otra historia. Pero nos hacemos iguales en las ciencias, las artes y las luchas. Y más ahora que la lucha es por la vida, porque el sistema capitalista está muy decidido a destruir a toda la humanidad.
Nosotros encontramos en la tierra la vida. Otros en las ciencias. Otros en las artes. Otros en su historia.
Tal vez alguien piense que cada persona debe ver por su propia vida, pero la situación actual no deja lugar para la lucha individual. Todas, todos, todoas estamos en peligro mortal. Distintos, diferentes, cada quien según su geografía, su calendario, su modo, nos hacemos iguales al reconocer al criminal y en la lucha para derrotarlo.
Nuestro esfuerzo, como zapatistas que somos, es para que el día siguiente a la muerte de la bestia inhumana del sistema, no hagamos lo mismo, y que de nuestras raíces no nazcan otros monstruos. Otras pirámides, decimos nosotras las comunidades zapatistas.
Lo que queremos es otro mundo donde estemos cabal. No todos iguales como copias, no todos con el mismo modo, sino cada quien lo que es y quiere ser, pero sin oprimir al diferente, sin tratar de hacerlo igual a nosotros, sino que respetando al que no es como nosotros. Un mundo sin explotación, sin represión, sin robos, sin desprecios.
Te saludamos maestro. Diles a tus cercanos que no importan la geografía ni el modo, y que tampoco importan la edad o la salud. Diles que tenemos que resistir, tenemos que rebelarnos, tenemos que vivir.
Un abrazo de tus compañeros los pueblos zapatistas.
Subcomandante Insurgente Moisés. México, febrero del 2026.