
México 1846 – Venezuela 2026
de pactos secretos, expansionismo gringo y digna rabia
por Ana Claudia Molinari
¿Estuvo pactada la entrega de Nicolás Maduro a las fuerzas del Pentágono, comandadas por Donald Trump, la madrugada del 3 de enero de 2026? De ser así, ¿quiénes habrían convenido tal entrega? ¿Se trató de un teatro de guerra montado sobre Caracas para sacar a Maduro, junto con su esposa Cilia Flores de Venezuela y luego representar la comedia de la Justicia americana? Por ahora no es posible saber si existió tal acuerdo, sin embargo, hay ciertos indicios de reuniones previas y no sería la primera vez en la historia de las guerras que las élites pactan salvoconductos para mantener con vida a los dirigentes derrocados.
La idea de una captura pactada del presidente venezolano, fue sostenida por la politóloga y reportera de guerra en el Dombass, Liu Sivaya, en su poco protocolario análisis de la “Operación Resolución Absoluta”, sostenida durante una emisión en su canal de Youtube apenas unas horas después del acontecimiento. No es descabellado lo que Sivaya plantea, de hecho es históricamente posible. Por el contrario, la versión de los hechos narrada desde el interior del gobierno de Venezuela da cuenta más bien de un “secuestro” del presidente Maduro, que fue posible merced a “traidores” internos que estuvieron en colusión con las fuerzas estadounidenses. Liu argumenta que las fuerzas de defensa venezolanas no defendieron con armas al presidente durante su sustracción. Desafortunadamente, hoy sabemos que gente inocente murió a causa de los bombardeos y que 32 oficiales de inteligencia cubanos, la mayoría soldados, que al momento del asalto gringo cuidaban del presidente, perdieron la vida en cumplimiento de sus deberes.
La hipótesis de la analista rusa me recuerda otro pacto secreto entre presidentes ocurrido dos siglos atrás, en 1846. Me refiero al acuerdo sostenido entre el general y presidente mexicano Antonio López de Santa Anna (1794-1876) y un enviado especial de Washington, para permitir el regreso del general a México y desatorar las negociaciones entre ambos gobiernos. Un pacto del que hoy tenemos referencia gracias a que quedó registrado en el diario personal del entonces presidente gringo, James Knox Polk (1795-1849).
Justamente Santa Anna regresaba a México de su exilio en La Habana, porque se requería su presencia ante el evidente fracaso del dictador Paredes y Arrillaga, que había derrocado a Santa Anna meses atrás pero que no había sido funcional a los intereses expansionistas de Washington. Mi ejemplo resulta pertinente porque la guerra impuesta por Estados Unidos contra México a mediados del siglo XIX, representa el exitoso modelo que el gobierno americano puso en marcha por primera vez en su historia como imperio, para crecer a costa de los recursos del sur del continente. En ese entonces, el incipiente hegemón atacó al joven México y pactó con sus gobernantes, hoy, 200 años después, Trump ataca Venezuela con la misma estrategia y con los mismos propósitos. A diferencia de aquel entonces, hoy el gobierno americano ya no es el que opera la agresión a este otro país. Hoy, el presidente norteamericano se representa a sí mismo; ya no es más el depositario y ejecutor de la voluntad de las instituciones de su país, sino algo parecido a un autócrata megalómano. La clase política demócrata de los EE.UU. se está distanciandoseveramente de la decisión de Trump de capturar a Maduro y llevarlo a una prisión en Nueva York bajo cargos de narco-terrorismo. Entonces, cuando digo el nombre del presidente, me refiero a un grupo conformado por Trump y sus rudos socios en Tel Aviv y en La Florida.
Llama mi atención que montón de cuentas en las redes sociales, de personas fuera de Venezuela, festejan con euforia la caída de “el dictador Maduro”, sin preguntarse por el destino del pueblo venezolano. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué hará la gente, cómo se organizará frente al re acomodo político interior y las disputas por la sucesión? ¿Qué les espera a los venezolanos si la sociedad se sigue dividiendo y un sistema tipo El Salvador se llega a imponer en Tierra de Gracia? Yo no podría alegrarme de que el imperialismo ultraje y violente la (siempre hipotética) soberanía de un país latinoamericano, porque resulta que quienes se esgrimen como los liberadores de Venezuela, son los mismos que perpetran el crimen contra el pueblo palestino en Gaza. En la web se padece el síndrome de Estocolmo. Mucha gente en sus redes se pregunta, desde una perspectiva polarizada, ¿quién sigue? ¿Quién será el próximo presidente sustraído en el patio trasero? Una pregunta que no cuestiona la manera en la que el yanquismo agrede a otros países. Aunque, si le buscamos respuesta, es evidente que quien sigue en la lista del infierno es Cuba. No dejemos de lado que detrás del show contra Caracas está Miami. El objetivo de esta intervención arbitraria y pendenciera a Venezuela, no es tan solo la renegociación de recursos energéticos como el petróleo, el oro o la protección del petrodólar, el objetivo último de esta ofensiva es sin duda, apoderarse de una isla en el Caribe.
La alianza Trump-Miami busca los votos del ala dura del republicanismo y busca derrocar a Cuba. Va por ganar las próximas elecciones y por dar muerte de una vez al fragilizado régimen socialista cubano. Porque Venezuela era hasta hace unas semanas un abastecedor importante de energéticos a La Habana. De tal suerte que, al dejar de recibir los insumos venezolanos, el pueblo cubano corre un alto riesgo de incrementar su sufrimiento por faltas más graves de electricidad y alimentos. Sometida como está al bloqueo económico, Cuba será obligada a padecer este suplicio o bien, tendrá que romper con el bloqueo interior. La situación me hace recordar el caso de los bisontes en las planicies norteamericanas durante el siglo XIX. Definitivamente fue una política de colonización el aniquilamiento de los búfalos en Texas. Porque ante la incapacidad de los colonos de vencer a los pueblos nómadas originarios, la decisión fue acabar con la fuente de su alimento. En aquel entonces, ejército y colonos mataron bisontes en masa con el único fin de doblegar por hambre a los pieles rojas y apropiarse definitivamente de sus tierras. En aquel entonces se hablaba de salvajes, hoy se habla de terroristas. Parece que hoy el trumpismo recurre al método vaquero, pues al no poder acabar con el socialismo cubano, se empeña en la inducción de un colapso por hambre a la población de la isla, con el fin de doblegar a los dirigentes y forzar la salida del actual presidente Diaz-Canel . Aquí regresamos a la idea de genocidio promovido por los gobernantes del New Far West. Usar la falta de comida como arma de guerra es un acto enfermo y despiadado pero, junto con el bombardeo, matar de hambre a la gente es una política socorrida por los genocidas de hoy.
A lo mejor, el pretexto del combate al tráfico de estupefacientes, solo le alcanzó al presidente Trump para justificar frente a la opinión pública estadounidense su insolente ataque a la soberanía de Venezuela (o de cualquier otro país del hemisferio en un futuro próximo). Pero es evidente que el trumpismo ha requerido, ademásde alevosía, de un discurso fundador para enmarcar sus acciones intervencionistas. De ahí la rehabilitación de la Doctrina Monroe: América para los americanos. Una frase que el ex presidente James Monroe (1758-1831) declaró en 1823 para advertir a los imperios europeos de no pretender volver al continente. Hoy, en voz de Trump, el destinatario del “Corolario a la Doctrina Monroe” es China y es el multilateralismo representado por la alianza de los BRICS.
Viene a mi memoria de nuevo la historia de la guerra impuesta por Estados Unidos a México en 1846. Porque el ataque orquestado desde Washington contra su vecino del sur fue consecuencia directa de la Doctrina Monroe. La Mexican War, que derivó en la anexión de más de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio mexicano a la Unión Americana en 1848, precipitó a su vez otra conflagración, la Guerra Civil dentro de los Estados Unidos, entre 1861 y 1865. Un pleito entre industria y esclavitud por la administración del botín robado a México.
Si bien la entrega del presidente Maduro y la manera de llevarla a cabo pudieron estar previamente acordadas entre Estados Unidos y la cúpula chavista, como afirma Sivaya, lo que es un hecho irrefutable es que el magnate Trump estuvo presionando desde hace meses a Venezuela con portaviones, barcos repletos de armas, con un bloqueo naval al país suramericano, con sabotaje de sus cielos y con decenas de bombardeos en el Mar Caribe a más de 30 lanchas, posiblemente de pescadores, acusados sin pruebas ni juicios del delito de moda en las Cortes americanas. Quizá fue un acuerdo con ciertos militares venezolanos, el cómo se llevaría a cabo el derrocamiento, porque finalmente Maduro no pudo evitarlo. Sin embargo, el hoy ex presidente venezolano contó hasta el final de su mandato con la fuerza y el apoyo de múltiples sectores de su país (incluidas las fuerzas armadas), contó también con el apoyo diplomático de Rusia, Irán y China, y quizá, esto es solo una hipótesis, fue a razón de este apoyo, que Maduro logró imponer algunas condiciones en la negociación con sus derrocadores. Una negociación afinada en esas misteriosas llamadas telefónicas reportadas a la prensa por el presidente Trump semanas atrás. Porque fue tal el respaldo que tuvo, incluso por algunos grupos de la población civil, que no fue un tipo fácil de tumbar, y entonces Maduro quizá exigió que fuese Delcy Rodríguez (vice presidenta de Venezuela desde 2018), quien quedara, conforme al mandato constitucional, al frente del gobierno de su país como presidenta encargada, en tanto se organiza la transición a no sé qué democracia que anhelan los partidarios delintervencionismo; me gusta la idea de que Trump tuvo que ceder a esta petición y hacer a un lado (al menos por ahora) a la Premio Nobel de la Paz, la señora que lidera la oposición fuera de Venezuela, María Corina Machado. Y frente al reclamo popular, Trump tuvo que aclarar, que si bien Delcy Rodríguez asumió como presidenta de Venezuela, ella estará teledirigida desde Mar-A-Lago y hará lo que le dicten. Habrá que ver qué papel va a jugar Delcy y preguntarnos, qué es lo que ella piensa y puede hacer. Lo que es un hecho innegable, es la intromisión ilegal y fuera del orden establecido en la Carta de Naciones Unidas, que ha sido perpetrada por Donald Trump y su camarilla en contra de la República Bolivariana de Venezuela. Y esa intervención, estoy segura, no fue pactada con el régimen de Maduro, por el contrario, fue ejecutada con la violencia de las armas y por la voluntad unilateral tanto del presidente de los EE.UU. como del Secretario de Estado de aquel país.
Por cierto que la historia nos enseña que los pactos entre políticos no siempre se respetan y no siempre sale todo bien para los pactantes. Por medio de intermediarios, el general Santa Anna le sugirió al presidente Polk simular la guerra con México a cambio de ceder una parte del territorio mexicano y recibir dos millones de dólares. Pero nada resultó positivo para el astuto general veracruzano que hoy todavía es percibido como el mayor traidor vendepatrias que ha existido en este país. Tras un escándalo en la prensa gabacha por el dinero que Polk pidió al Congreso para poder dárselo a Santa Anna, Polk abandonó a su contraparte y planeó a sus espaldas la toma de la ciudad de México, al tiempo que logró quedarse con todo el territorio deseado y no solo con el que le ofrecía el caudillo mexicano. Para su desgracia, Polk enfermó y murió poco tiempo después de dejar la presidencia de los Estados Unidos y de haber heredado a sus conciudadanos un país ensanchado, con nuevas costas y un excelente puerto marítimo en el Pacífico. Hoy nadie lo recuerda por tan magnánimo legado. A su exitosa guerra expansionista la sustituyó un popular mito, el de la conquista del Oeste. A pesar de sus deseos megalómanos de trascendencia, Polk fue olvidado en la noche de la historia.
Si bien este arrebato de territorio que perpetró Estados Unidos en contra de México fue el origen del sentimiento antiimperialista que germinó en Nuestra América, después de 200 años, este paradigma ha perdido vigencia. Se ha producido una desmovilización de las disidencias y una degradación de las comunidades. Esta desmovilización de las fuerzas organizadas de la sociedad y de las juventudes, se aceleró y perfeccionó con los gobiernos llamados progresistas en América Latina. El anestesiamiento ideológico de las masas ha sido la mejor aportación de las izquierdas partidistas al arribo implacable de la extrema derecha en países como El Salvador, Ecuador, Bolivia, Argentina y ahora Honduras y Chile. Sin embargo, ¿quién dijo que todo está perdido?Hay corazones como el de los mayas zapatistas de Chiapas, que hablan del Común y olvidan pronunciar la palabra “propiedad”. Hay feministas comunitarias y madres buscadoras de justicia. Hay periodistas que investigan y se arriesgan por confrontar los poderes, hay jóvenes que resisten a la enajenación capitalista de la batalla cultural, hay artistas invisibles que trabajan con la Memoria, hay abogadas indígenas echando luz y hay poetas noctámbulos que hablan con los pájaros del amanecer. Estoy segura de que habrá mucha gente en Venezuela dispuesta a resistir y rechazar la intervención trumpista. Desde la telúrica Ciudad Monstruo, desde este violentado país que todavía llamamos México, le dedico estas palabras con abrazos fraternales a la gente de a pie en Venezuela, la gente que soñó un país soberano y autodeterminado. Si los gringos revivieron su Doctrina Monroe, yo deseo que brote en nosotres la digna rabia. Deseo dejar atrás al colonialismo despiadado que nos somete a la esclavitud. Deseo convocar una asamblea de poetas y descubrir las palabras para llegar al día después. Que viva y se rebele contra la guerra el pueblo venezolano.