
Las artes y las ciencias en la tormenta: una reflexión zapatista
Rumbo al (Rebel y revel) arte, encuentro de arte, rebeldía y resistencia hacia el día después (13-19, abril, 2025)
“Los zapatistas han enfatizado en múltiples ocasiones la importancia del conocimiento práctico y la autonomía comunitaria.
Su mensaje sugiere que la ciencia y el arte deben repensarse desde una perspectiva más cercana a la vida cotidiana y menos dependiente de la infraestructura del capitalismo
la ciencia y el arte enfrentan el reto de demostrar su potencia sin depender de la tecnología y los recursos de un mundo en colapso”
La reflexión zapatista también imagina un escenario extremo en el que una comunidad aislada debe reorganizarse sin electricidad, internet ni medios de transporte modernos. En una asamblea comunitaria, cada persona expone sus habilidades prácticas: trabajar la tierra, construir viviendas, fabricar herramientas o curar enfermedades con conocimientos ancestrales. Ante este panorama, surge la incógnita: ¿qué lugar ocuparían los artistas y científicos en esta nueva sociedad?
Este planteamiento no es meramente teórico. Los zapatistas han enfatizado en múltiples ocasiones la importancia del conocimiento práctico y la autonomía comunitaria. Su mensaje sugiere que la ciencia y el arte deben repensarse desde una perspectiva más cercana a la vida cotidiana y menos dependiente de la infraestructura del capitalismo, una pregunta que coincide con aquella hecha por las Redes Comunales Mixes, desde la sierra de Oaxaca, México, en el año 2150.[1]
Finalmente, el EZLN invita a quienes se dedican a las artes y las ciencias a imaginar cómo responderían a un mundo donde el sistema ha colapsado. ¿Cómo contribuirían a la reconstrucción de una comunidad sin los recursos tecnológicos actuales? La reflexión queda abierta, como un desafío para quienes aún creen que otros mundos son posibles.

Imagen vía CrimethInc.
Los puntos presentados ofrecen un abanico de posibilidades sobre la función del arte en escenarios de transformación radical. Cada relato ilustra cómo, en la reconstrucción de una comunidad tras la tormenta, el arte no solo sobrevive, sino que se reinventa, asumiendo formas inesperadas e imprescindibles. Desde la danza espontánea que deviene identidad, hasta la música que emerge de la carencia, pasando por la pintura, el teatro y la narración oral, cada disciplina encuentra su razón de ser en la colectividad, en el jolgorio del montón organizado por el común.
Arte y comunidad: Creación más allá de la paga
En la tercera parte de la serie de textos La tormenta y el día después, formados por narraciones de momentos de creatividad colectiva en el contexto del día después, se encuentra al centro el dilema de la paga, un problema fundamental en la sociedad contemporánea del arte. Antes de la tormenta, el arte estaba mediado por el dinero, las becas, los circuitos de exhibición y los contratos editoriales. Pero en el día después, cuando las estructuras económicas colapsan y se impone la urgencia de la supervivencia, el arte se revela como un acto puro de comunicación y resistencia.
El problema de la paga no es solo económico, sino ontológico. Los artistas ya no buscan su lugar en la industria cultural, sino en la memoria viva de la comunidad. La bailarina no recibe un salario, pero obtiene un nombre que la define. La pintora no vende sus cuadros, pero es reconocida como la que observa con atención. Los músicos no graban discos, pero generan ritmo en la vida cotidiana. Los teatreros no llenan teatros ni son celebridades, pero crean escenarios de ficción visionaria colectiva donde no los hay. El contador de historias ya no aspira a premios literarios, sino a construir relatos que hagan de la realidad un espacio habitable. En este nuevo mundo, el arte no es un lujo ni un entretenimiento, sino un lenguaje esencial para tejer vínculos y darle sentido a la existencia colectiva.

Imagen vía CrimethInc.
La transformación del rol del artista
Estos relatos también sugieren una transformación en la relación entre el artista y su público. Antes de la tormenta, había una distancia entre creador y espectador, mediada por la profesionalización, la industria del consumo y la propiedad. En el día después, esa separación se diluye: la comunidad no solo consume arte, sino que participa en su creación. La danza surge de un impulso colectivo; el dibujo es una trazo conjunto entre quien posee habilidades y quien fantasea; la música se genera con lo que hay a la mano; el teatro no necesita butacas ni telones, sino el deseo de representar y comprender la realidad.
Es aquí donde el arte se muestra en su forma más simple y, al mismo tiempo, más poderosa: como herramienta de construcción social, del común. No es solo una forma de expresión, sino una forma de existir. Cada arte, lejos de la industria y el mercado, encuentra su nueva función: la danza conecta a la comunidad en la noche sin electricidad, el dibujo recupera identidades y memorias perdidas, la música resuena en los cuerpos que necesitan esperanza, el teatro da voz a la historia y la narración recrea futuros posibles.
Resistencia y reinvención
Los Zapatistas también sugieren que el arte es, ante todo, resistencia. En un mundo donde la tormenta ha arrasado con las estructuras establecidas, el arte resurge como una forma de recomponer lo roto. Pero esta resistencia no es solo contra la adversidad externa, sino contra las propias inercias del arte como institución. Ya no se trata de esperar reconocimientos ni validaciones, sino de actuar. Cada artista, en estos relatos, enfrenta el desafío de desprenderse de sus antiguas expectativas y aceptar que su arte ahora cumple una función más inmediata y esencial.
Este cambio de paradigma nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del arte en relación a la ética en nuestra propia realidad. ¿Es posible imaginar una práctica artística que no dependa de la paga? ¿Cómo puede el arte redefinir su propósito en una sociedad en crisis? ¿Qué significa ser artista cuando el mundo que sostenía esa identidad se ha desmoronado?

Fotografía por Aldo Santiago. Imagen vía Avispa Media
El día después es hoy
Si bien los Zapatistas enmarcan estas reflexiones en un escenario hipotético de post-catástrofe, la pregunta que plantean es vigente en el presente. La tormenta, metafórica o real, es un recordatorio de que las estructuras económicas y culturales son frágiles. El arte en común, las prácticas estéticas, en cambio, sobrevive. Pero su supervivencia depende de su capacidad de adaptarse y encontrar nuevos significados.
En última instancia, el arte no muere con el colapso del mundo tal como lo conocemos. Al contrario, en la destrucción encuentra su oportunidad de renacer. Y en ese renacer, deja de ser un objeto de consumo para convertirse en un acto de comunidad, de resistencia y de imaginación colectiva. El problema del individualismo deja de ser una traba cuando el arte recupera su función más profunda: ayudar a imaginar el día después.
Notas
- Redes Comunales Mixes, «El arte, la literatura y las estéticas colectivas de la tierra» en «En una orilla brumosa» (Ciudad de México: Gris Tormenta, 2021)
🦘Nota completa: t.ly/knRsM
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